divendres, 13 de juliol de 2012

El hombre que arrasaba bibliotecas

Pues claro que hay que guardar buenos libros para los momentos difíciles. Para leer en los parques a más de ocho mil quilómetros, para las salas de espera. Pero a veces a uno le da como prisa y qué manía de pasar las hojas así volando, que la pobre Aurora casi se cae de la página. Pues claro que hay que comer despacio, que sino se  te juntan las espinacas con las fresas. Y hacer una especie de plan de pensiones del placer. Y entender que ya es muy tarde, y que el capítulo veintidós lo empezarás mañana aunque sea tan corto. Bajar las persianas y apagar la luz achicharrante del flexo y, bueno, por supuesto, soñar con Olivia y sus largos pendientes.

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