divendres, 7 de desembre de 2012

Terapia

Primero estás tú, testaruda como una ola, como una enredadera que va ahogando el árbol dándole vueltas, como una boa constrictor, pero tan lenta que ni te das cuenta. A fuera palmeras, el sol naranja en el mar y veinte mil animales y plantas. Tú como parte enanita del mundo o el mundo como parte enanita de ti. Cada día decidirse, como si importara.
Hay enfermedades autoimmunes de la mente, pero todavía no las han descubierto. Son como un carcoma, y ya me dirás a dónde vas con el alma lleno de agujeros.

Veinte mil
vuitres
masoquistas
se comen las uñas
hasta los brazos
(luego piensan un siglo entero en lo que han hecho).
Ya podrían ser más prácticos.

Después están los demás, con sus otras dolencias más o menos graves, hablándote sin esconderlas. Chocando unos con otros en la Avenida Central,

Veinte mil
girasoles
ciegos
dan vueltas siguiendo su objetivo
sin mover los pies del suelo.
Ya podrían aprender de sus semillas.

Veinte mil
pericos
sordos
repiten una vez tras otra
ser sabios y libres
(como "hijos del viento").
Ya podrían ser totalmente mudos.

Chocando unos con otros en la Avenida Central, digo, los egos enfermos ponen su mejor cara.

Ayudar en los males ajenos cura los propios. Cada cual con el mal de otro, y Dios con el de todos.

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