dimarts, 3 de març de 2015

Allá va mi pena, donada a la ciencia


Yo me odio cuando me siento desgraciada y digo ¡bien!, ojalá esta sensación se convierta en una verdad absoluta, en algo que se pueda compartir y sirva para que alguien se entienda un poco más. Eso es lo que no hay que hacer. Alargar la desgracia hasta la mesa de escribir leyes y sentir placer por haber descubierto una. Dar tu pena a la ciencia. Eso es lo que no se hace. ¿Qué tipo de recompensa (de tarado) es que alguien pueda reconocerse en tus leyes? ¿Cómo eso puede convertir la pena en otra cosa?  

Me siento desgraciada los jueves por la tarde cuando hemos hablado del futuro.

Tengo miedo porque sé que soy la misma ahora

Que cuando te llame a las tres de la madrugada doce veces seguidas

Que cuando aporree la puerta de tu casa para que me abras

Que cuando robe taxis y secuestre aviones.


Lo dijo un tío en silla de ruedas de un reportaje de jóvenes en silla de ruedas. Dijo: no soy fuerte ahora que me ha pasado esto, era fuerte antes del accidente pero ahora lo demuestro. Yo no estaré loca por ti como una cabra, como un monstruo, como una actriz, si algún día te tengo que echar de menos; lo estoy ahora que puedo venir a verte a las dos a las cuatro y a las siete, ahora que nos vamos de viaje y a cenar y duermo contigo los miércoles y los viernes.


Los miércoles y los viernes del mundo acercándose a mi yo del futuro como un viento.


Lo dijo un niño obeso que me crucé por la calle un día y casi me muero de la risa. Estaba hablando con su madre con una cara de superofendido muy graciosa y le dijo: tu em vas dir que si desitjava molt una cosa, es faria realitat i, en canvi, mira!


Los miércoles y los viernes del mundo acercándose a mi yo del futuro como un viento. Y yo deseando más fuerte que lo que fuera que deseaba el niño, mucho más fuerte, como un tsunami de energía que sudara mi cuerpo (ecs), que tú estés en todos. Y un miedo que no puedo explicar más de tres veces seguidas para no atraerlo (solamente va a ser una vez tecleado, una vez tecleado no es significante para las fuerzas magnéticas del universo). Un miedo de que una noche, mirándome al espejo, se me aparezca el niño obeso, como se aparece la Verónica si la nombras a las tres y trentaytrés, y se ría de mi cara como yo me reí de la suya.

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